Esta coyuntura medular suele torpedear las mas buenas intenciones del inversionista mas inspirado; el análisis mas simplista de este teorema evidentemente desilusiona de entrada a cualquier campeón del excel y de paso, pone en jaque las ilusiones de miles de inocentes creadores.

Texto: Dr. Detlef Baüer

No es fácil salir de la grilla del crecimiento y los beneficios; así como no es recomendable mear contra el viento, tampoco lo son estas empresas que poco ayudarán a ampliar la terraza de la casa de playa de ese hipotético inversor. El asunto es que así es como nos va a los amantes de ese objeto del deseo, no menos contaminante para el planeta llamado vinilo.

Los que compulsivamente queremos atesorarlos en nuestra estantería (no necesariamente escucharlos…) nos vemos muy perjudicados también y por lo tanto ya somos varios los damnificados producto de las frías leyes de ese adorable invento llamado economía.

Hace un par de días estaba pensando en esto mientras caminaba cabizbajo por la calle Pío Nono, entre Dardignac y Lopez de Bello, cuando veo al lado de una camiseta del che Guevara, entre un pergamino de Borges y unas alpargatas de cuero, un impreso en bajo relieve en una tabla de madera el siguiente manifiesto, y claro, para adentro quedé…anónimo el autor:

Hacemos discos para fijar la memoria, para intentar contener el tiempo; como una forma de hacer surgir recuerdos e imágenes situándolos justo entre nuestras manos.

Hacemos discos para buscar respuestas a nuestras experiencias; respuestas que muchas veces encontramos entre sus surcos y carátulas, sin siquiera formular preguntas.

Hacemos discos para contar historias y también para acordarnos de las personas y momentos que hemos amado.

 Hacer un disco es primero que nada un acto de amor; es un tributo a todos los discos que tanto nos han dado.

En el acto físico de poner la aguja sobre un disco y disponer nuestro tiempo presente a escucharlo, volvemos a los lugares que habitamos, nos situamos en el ahora e imaginamos lo que viene a continuación; ¡soñamos!

 Un disco es un portal espacio temporal. Un disco es un viaje, una clase, un recuerdo, una broma; un cariño a nuestra alma. Podemos dedicar un disco a nuestros nietos, a nuestros hermanos, hijos y amigos; a los que nos caen mal e incluso a los que ya no están.

 Un disco es mas que un objeto, un disco está vivo; tiene olor, forma, color y nos habla. No es un gato ni un perro; no es una mascota que inquietantemente es muda.

 Un disco sabe más que nosotros y por esto los atesoramos, los guardamos en lugares sagrados de nuestras vidas, casas o talleres. Los llevamos en la mochila, los mostramos y orgullosos compartimos su contenido.

 

Pero ojo!; Los discos no se prestan!… Después de este repaso directo al mentón, gateando llegué al Galindo a por mis lentejas y mi cañita de pipeño…

¡Madre santa!; ¿Que opinará Don Milton Friedman, padre de la patria?

 

 

 

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